«Gracias a este voluntariado yo viví una gran experiencia de vida y profesional por participar en la liberación de 4 manatíes en el río Sinú...»
Gisella Sertorio, Voluntaria Brasil
En esta época de la llamada sexta extinción de las especies, los biólogos están viviendo el boom de los “planes de manejo para la conservación”. Por cuenta del jaque en que los humanos hemos puesto la supervivencia de tantas especies, hoy día numerosos científicos estudian qué acciones implementar para salvarlas. Se estima entonces su población, la distribución en ciertas áreas, y se estudia el estado de sus hábitats y los conflictos en la interacción con los humanos. Luego viene el diseño de una estrategia que permita erradicar o minimizar las amenazas que se ciernen sobre ellas.
 
La nutria gigante (Pteronura brasiliensis) está en peligro de extinción. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza la cataloga En Peligro (EN). Aunque su rango de distribución abarca desde Venezuela hasta el norte de Argentina, el boom de la industria peletera en las décadas del 50 y 60, la llevó al borde de la desaparición porque sus pieles eran las más costosas y se usaban sobre todo para confeccionar abrigos. Esta persecución hizo que la nutria huyera del hombre, y aún hoy día que no se las caza, mantienen su recelo y no se acercan a él o a sus embarcaciones. Siendo poco frecuente verlas cerca de centros poblados, llama la atención que en el área de influencia de Puerto Carreño (Vichada, Colombia), en plena vía fluvial tan transitada como el Orinoco, los llamados en la región “perros de agua” estén recuperando su población. Sin embargo, la especie no está totalmente a salvo debido a amenazas como la transformación del hábitat, la tala de bosques, la contaminación de los ríos con mercurio proveniente de la minería ilegal de oro y la captura de las crías para ser usadas como mascotas.
 
Científicos españoles y colombianos e investigadores empíricos locales trabajando juntos
Los biólogos reconocen que en realidad, de la especie en la Orinoquia se sabe muy poco y es importante recolectar información básica que llene los vacíos de conocimiento, claves para esos planes de manejo y su implementación. Por esto el Instituto de Biología de la Conservación de España (IbiCo), con el apoyo de la Fundación Barcelona Zoo y la Fundación Omacha, vienen estudiando las nutrias desde hace dos años sobre 38 km lineales del río Orinoco, caños y lagunas alrededor de Bojonawi, Reserva Natural Natural de la Sociedad Civil. Coincidencialmente, Bojonawi en lengua Sikuani es el vocablo usado para denominar a la nutria gigante.
En las estaciones secas de 2018 y 2019, científicos españoles de la mano de investigadores locales, dividieron el área de estudio en 5 sectores que fueron recorridos un mínimo de 5 veces cada uno en bote de motor, canoa o a pie según sus características. Establecieron por foto identificación la población de las nutrias y sus grupos familiares, gracias a que cada animal tiene un “babero” pintado en el cuello con manchas que son como una huella dactilar, única para cada individuo. De esta manera fue posible establecer 30 nutrias diferentes integrando 5 grupos y 2 solitarios, lo que marcó una estima poblacional de 0.77 individuos/kilómetro. Esta es la mayor densidad reportada para la cuenca del río Orinoco, y de las más altas reportadas para Colombia, tan alta como en el Pantanal brasileño.
 
El estudio se ha llevado a cabo en las temporadas secas o de aguas bajas (diciembre, enero, febrero y marzo) cuando caños y lagunas presentan sus menores dimensiones y ahí acuden las nutrias debido a que los peces se concentran y son más fáciles de capturar. Un estudio así no podría hacerse en época de lluvia pues los territorios que habitan las nutrias se pueden triplicar por cuenta de la búsqueda de comida, menos previsible, entre las zonas inundadas. Además se ha evidenciado que nutrias prefieren los caños y lagunas más alejadas del cauce principal, posiblemente debido a que son zonas más tranquilas, con mucha menor afluencia de gente e ideales para la crianza, con las mínimas molestias que ofrece un área protegida como Bojonawi.
 
Relación hombre – nutria en la zona 
Dentro del estudio se realizaron más de 100 encuestas a locales y pescadores que indicaron la existencia de un bajo nivel de conflicto nutria-pescador y una percepción positiva de la especie por parte de los pescadores del área de Puerto Carreño que incluso reconocen que el perro de agua es un atractivo para el turista. Ellos no atribuyen a la nutria gigante la culpa por la reducción en la pesca pues saben que el verdadero artífice de la reducción de las capturas es la sobrepesca. Además, el Orinoco es un río de aguas blancas, muy productivo, con grandes densidades de peces y con una amplia superficie. Al contrario de otras áreas donde se han reportado conflicto hombre-nutria y que son generalmente de aguas negras, por tanto menos productivas, y con ríos más angostos y estrechos. Este balance de bajo nivel de conflicto lo apoya también el hecho de que las nutrias gigantes en el área de estudio tienen un comportamiento esquivo, manteniendo siempre las distancias respecto a embarcaciones. 
 
Profundizar más en este bajo nivel de conflicto puede permitir soluciones y protocolos exportables a otras áreas con altos niveles de conflicto, sobre todo si la causa radica en los factores que determinan la actitud del hombre frente al animal. Pescadores mejor informados pueden marcar una diferencia en la conservación de la nutria en otros lugares. 
 
A pesar de esta aparente positiva situación de la especie en el área, la presión sostenida sobre la pesca genera descenso en las poblaciones de peces lo que haría descender la capacidad de carga del medio y por tanto la población de nutrias. Esto ocasionaría mayor competencia, desembocando en un incremento de las interacciones negativas entre nutrias y pescadores. Un monitoreo constante de las tasas supervivencia, natalidad y causas de mortalidad de la especie, y de su percepción social, se hace entonces necesario para tomar acciones a tiempo.
 
Alerta al ecoturismo: planificar bien para que sea un éxito y no un desastre
Puerto Carreño y el Orinoco han sido poco explotados como recurso turístico, pero sí son un destino reconocido en pesca deportiva y región exportadora de peces ornamentales. Dice Germán Garrote, biólogo español director del estudio: “Los pocos que van alucinan con la belleza del paisaje, ven un potencial brutal y reconocen el valor turístico de la zona. Son de gran atractivo sus áreas abiertas y la posibilidad de ver mucha más fauna que en la Amazonía, por ejemplo. La diversidad paisajística es inmensa, desde afloramientos rocosos hasta rápidos en el río o bosques de galería”. Dice en tono jocoso, “No tienes la humedad del Amazonas y no hay tanto parásito o garrapatas, lo que el turista agradece”.
 
Él lanza una alerta a las autoridades ambientales: “Antes de que llegue el turismo, es preciso organizarse pronto y tener herramientas para que no llegue un problema como ha ocurrido en otros escenarios donde se ha sobrepasado la capacidad de carga de los ecosistemas y su sostenibilidad; haciendo un daño a la naturaleza y las comunidades. Con respecto a la nutria como una especie para avistamiento turístico, habría que estudiar muy bien su comportamiento para acercarse a ellas sin que se perturben y alteren, y hacer una capacitación especial a los guías turísticos. En Perú está establecida una distancia de seguridad para guardar y se hace la observación responsable sin problemas”. 
 
Revelando la intimidad de las nutrias a través de las cámaras trampa
El estudio incluyó la instalación de cámaras trampa para documentar los ciclos de actividad de las nutrias en el uso de letrinas y madrigueras. Las nutrias depositan el contenido de sus glándulas anales, así como la orina y las heces en letrinas donde se restriegan para que todos tengan el mismo olor. Estas marcas aromáticas desempeñan un papel importante en la comunicación y las interacciones sociales, además de delimitar los territorios frente a otros grupos. Con respecto a las madrigueras, como los pulsos de inundación del Orinoco son muy grandes, dependiendo de dónde está el nivel del agua, las nutrias se trasladan y van rotando su uso. Estudios hechos en Perú han determinado que no hay patrón en el uso de las madrigueras, que lo hacen a gusto y las abandonan si los hombres se acercan. 
El grupo colombo español que desarrolló la investigación está conformado por Germán Garrote, Antón Álvarez, José Manuel Escobar, Laura Pérez y Victoria Asensio de IbiCo, y por Fernando Trujillo y los investigadores locales Beyker Castañeda, Brayan Castañeda y Jacinto Terán de la Fundación Omacha.
 
 
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